No hace mucho El difunto Matías Pascal me ha servido de consuelo después de intentar con poco éxito meterme en los respectivos mundos de dos noveles novelistas colombianos, que empiezan como todo principiante en ese mester de clerecía que es la novela por no acertar a materializar un héroe (o antihéroe) plausible, elemento sin cuya concurrencia es improbable que se nos administre aquello que se denomina acción, un ingrediente en ficción larga que pese a los intentos de eliminarlo del canón oocidental por parte de quienes carecen de dotes para el mismo, es imprescindible para experimentar el mundo de la novela.
En el caso de la acción, no se trata de algo superado; es un rasgo de la novela (también del teatro y del cuento) que no hay que buscar con lente de aumento en los buenos novelistas de los últimos cincuenta años. Para dar un idea más concreta podemos partir de la observación que consigna Milan Kundera en su ensayo reciente titulado El telón: con la novela del siglo XIX, con Balzac, la escena pasó a ser un rasgo importante para la estructura de la novela. Por qué? Por una razón sencilla: las escenas son momentos de la acción.
El abuso del término “acción” en las tareas escolares de resumen de textos novelescos y teatrales le ha depreciado bastante. Se le ha confundido, precisamente, con resumen, y ello hizo que ni los propios novelistas quisieran hablar de acción y dijeran que el argumento no era lo más importante de una novela. Acaso, algunos impulsivos entendieron que se trataba de toda una destitución de la acción y de la utopía de componer ficción novelística exenta de este elemento. Esta utopía parece tener numerosos seguidores en Colombia y es apenas lógico que también los tenga el curioso partido de quienes consideran que la “psicología” es un cachivache de otras épocas, un estorbo para sus extraños escritos.
Pues una de las cosas que tiene de especial el difunto Matías Pascal es la psicología y la acción, y la oportunidad de degustarlas se presentó como fruto del tedio mortal causado por un novel novelista que ya había logrado redactar casi un centener de páginas sin que aparecieran esas dos muchachas en escena.. El tedio es como un anticipo del infierno, es la más lacerante de las incertidumbres, es el no hallar la conciencia algo en lo que afincarse. No es raro que le acompañe la angustia, y angustiado miré al estante y el primer texto que ubiqué fue el de Luigi Pirandello y lo tomé con afán, con locas esperanzas de que me sacara de aquel estado de miseria. Le agradezco el haberlo hecho: y,además el haberme sumido en inolvidable estado de beatitud.
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Psicología y acción, sí. Pero no cualquier psicología, no cualquier acción. No hay nada gratuito, ni forzado ni superfluo en los hechos que narra Pirandello. Creo que de la enunciación de una acción coherente desde los términos implicitos en la condición humana que expresa es que surge aquello de la “suspension of disbelief”, el doblegamiento del escepticismo natural que alberga todo lector de ficción y que lo hace imposible de engatusar por los falsos narradores o por las historias sin fortaleza.
Las premisas de la acción se plantean en los motivos que impelen al héroe, en su personalidad, y es sólo en este sentido que postulamos que la novela tenga un nivel psicológico. La única psicología de la novela es la que está implícita en la personalidad del personaje principal. Tiene que haber algun tipo de personalidad para que haya novela. Y no hablo de novela clásica. Puedo abrir una novela de J. M. Coetzee, reciente Premio Nobel y comprobar que, según ése principio del oficio, no tarda en proyectar la personalidad del protagonista, ni yo tardo en registrarla en mi experiencia del texto, algo que sólo sucede en la novela o en el teatro. La penetración psicológica del novelista se mide por su lucidez para revelar (desentrañar) los motivos del personaje; es la inventiva y la imaginación que muestre en esta tarea la que permite que nos identifiquemos con todo este asunto y que nos impliquemos en la acción.
Qué gran acierto es que el motivo crucial de Matías Pascal le sea a él mismo inicialmente desconocido y que se condense en su conciencia gracias al azar. Esta circunstancia hace más rotunda la importancia de un motivo en la existencia. Con qué ironía y finura despliega y modula novelísticamente este motivo Pirandello. Cómo nos retrata este actuar de motivo en penumbra. Sucede casi siempre.
Pirandello posee la sensibilidad de la motivación humana, suficiente para pertenecer a la raza de los novelistas.